Porque la música sí nos puede salvar

Pablo Jiménez
Estudiante en proceso de titulación Escuela Biodanza SRT Concepción, Chile.

 

La Identidad en Biodanza es el resultado de fuerzas biológicas inherentes al ser humano y que están presentes en el propio cosmos universal. La cultura que rodea al individuo en una época determinada no es más que el reflejo de la lucha incansable del hombre frente a la fuerza arrasadora de la Naturaleza. El paradigma socioconstructuvista imperante ha deslegitimado la importancia de la Biología en la percepción amplia de la identidad y con soberana arrogancia han levantado “centros de estudios de género” con total invisibilidad del relato científico, hormonal, genético y visceral que ha confeccionado y constituido el rol de la humanidad en su proceso evolutivo. No se puede comprender cabalmente la Identidad solo a partir de las representaciones mentales; subproducto de las fuerzas irracionales que se imprimen en nuestro psiquismo.

A veces como vencedores de estas fuerzas otras tantas como derrotados, unas como protagonista o antagonistas, otras como simples observadores pasivos de las circunstancias históricas. Estas figuraciones si bien son performáticas encierran un correlato biológico imbricado a las fuerzas naturales que actúan en permanente batalla por su unívoca expresión. Por ello basarse solo en el lenguaje como articulador de toda la realidad es una simplificación infantil y sumamente ignorante.

No es de extrañar que en círculos de Biodanza esta ola académica precarizante amenace con reformular la base de la formación profesional y cerrar el debate a unos cuantos postulados críticos: raza-género-clase. De la mano con este nuevo “paradigma” imperante en las ciencias humanas, herederas de Foucault, Derrida, Lacan, etc. (escuela de Frankfurt y autores Freudomarxistas) la nueva pandemia sanitaria parece ir en la misma dirección: reducir la Identidad del individuo en específico su autoimagen a una categoría de rebaño, propio de los regímenes totalitarios y fascistas.

Si bien para Rolando Toro, la Identidad es un concepto siempre fluctuante, casi errático de nuestra naturaleza, que va entre el ser y el no-ser, esto es entre la consciencia y la regresión, por tanto, difícil de definir estática y definitivamente, existe la autoestima y la autoimagen, aspectos claves que le dan cierta solidez al concepto y en los cuales se encuentra la intersección entre Naturaleza y Cultura.

Si la raíz de la autoestima es de naturaleza vivencial y mística, la raíz de la autoimagen es de carácter conceptual y formal[1], es decir más cultural que natural. Si la autoestima se estructura en la calificación afectiva de otras personas sobre sí mismo, la autoimagen se cultiva a través del análisis introspectivo[2]. Como podemos ver, es la autoestima como faceta vivencial y mística solo posible en la alquimia del encuentro con otros, por lo tanto, la parte más afectada debido a la situación de aislamiento social que vivimos bajo la pandemia sanitaria. En otras palabras, es la Naturaleza misma como expresión de nuestro instinto gregario innato la que gime y se ve despojada de nutrición afectiva. Por otra parte, la autoimagen como faceta conceptual y formal que es la parte cultural de la Identidad, está siendo explotada y tumorada por el excesivo tiempo que debemos pasar frente a una pantalla. La nueva forma de vincularnos con el mundo exterior, es decir con la mera representación, influye tanto como el sofocante mundo político polarizado que vivimos. Como intuimos la pandemia sanitaria es eminentemente política. La problemática si bien no es diferente en esencia a la de años anteriores, tiene características propias que debemos analizar y presentar a la comunidad de biodanzantes, como forma de alertar sobre los potenciales indicios de disociatividad a la cual nos vemos expuestos como comunidad.

Las plataformas ocupadas en la actualidad son herramientas imprescindibles para mantener el contacto con nuestros grupos de trabajo, amigos, compañeros de ronda, incluso con familiares, no vamos a ahondar sobre el problema de la radiación infrarroja no ionizante que provoca la exposición por tiempo prolongado a una pantalla, ni tampoco sobre los problemas cognitivos que suscitan en nuestros hijos, sobrinos o nietos quienes prácticamente desde su nacimiento han estado expuestos a este tipo de radiación. El punto central a indicar ahora no es la exposición a la pantalla, sino la percepción disociada que resulta a través de ella.

Si pasamos toda nuestra sesión de Biodanza mirando nuestro avatar, inconscientemente nos ocuparemos en corregir los movimientos, pues lo que se ve para el resto, en especial para el facilitador es un indicio de asertividad en cuanto a la propuesta vivencial. Si bien la tarea del facilitador es percibir a grandes rasgos el desempeño grupal con la propuesta vivencial, es casi imposible realizar un análisis de movimiento que permita profundizar en las vivencias, esto no quiere decir que el facilitador no pueda corregir o indicar pautas de movimientos que ayuden a integrar música-vivencia y movimiento (la matriz Gestáltica de Biodanza), sino que dada la lentitud de los megabytes que oscilan entre 200 a 500 de banda ancha doméstica, resulta imposible ver en tiempo real al movimiento del otro. Eso sin mencionar la dificultad de diferenciar planos en el avatar y de percibir movimientos más complejos (como la danza de Shiva o animales de poder). El problema real radica en la percepción de la autoimagen que realizamos cuando nos detenemos, corregimos y nos adaptamos a la imagen que proyecta el avatar[3]. Ralentizamos el movimiento porque el avatar es más lento que la realidad y esa pequeña diferencia provoca disociación cognitiva que luego pasa al plano orgánico y puede desencadenar desplazamientos socio-afectivos que influyan en la autoimagen y por consiguiente en la Identidad. Sé que esto puede parecer molesto o extremadamente catastrófico a gran parte de la comunidad, porque muchos preferimos por comodidad pasar por alto o evadir los problemas, pero una vez que entendemos las consecuencias de estas plataformas de simulación virtual, que no están hechas para trabajar en pos de procesos integrativos, resulta necesario tomar decisiones que beneficien nuestros tiempos de exposición, de trabajo y comunicación afectiva.

Biomúsica: La percepción de la totalidad.

Muchos han preferido distanciarse de Biodanza y por razones bastante concretas y obvias. Mi postura no es esa, creo que a pesar de la situación podemos obtener reminiscencias de vivencias pasadas y evocar correctamente la integración afectiva primordial a la cual nos invita el sistema, pero para ello debemos conocer ante qué nos enfrentamos y cuáles son las herramientas que tenemos para sortear juntos y de mejor manera estos obstáculos.

“el trance musical puede ser un camino privilegiado para nuestra meditación respecto del fenómeno de la identidad[4].

El Arte y en específico la Música y la danza son los medios de expresión que utiliza Rolando para los encuentros de integración en Biodanza. No es el lenguaje, sujeto a malas interpretaciones y susceptible de ser alterado ideológicamente, ni cualquier otra forma de comunicación, sino el Arte y la Música presentes desde los albores de la humanidad y posibles de ser considerados como vectores direccionales capaces de ayudar y preservar el legado de un genio que siempre puso su espíritu en pos de la humanidad sufriente.

Esta premisa fácil de constatar en la formación académica de cualquier facilitador, no es antojadiza de un viejito melómano que caprichosamente quería que su música favorita y sus gustos estéticos fueran el centro de atención, por el contrario, creo que la Música, en específico la Biomúsica, como Rolando la describe, es ante todo un aspecto generador de cultura propio de la mentalidad de occidente. Si comparamos el desarrollo de otras culturas y civilizaciones, veríamos que son otras áreas del cerebro las que hacen avanzar, retroceder o empantanar a los pueblos. Por ejemplo, en la India fue la filosofía existencialista y trascendental de Buda, en China la filosofía social y de gobierno de Lao Tse y luego de Confucio, incluso en la Grecia Clásica, en figuras como Sócrates la preeminencia estuvo en la razón apolínea, pero desde el Renacimiento vemos cómo el Arte tiene preponderancia en todo occidente y es la mecha que prende en fuego de las revoluciones que comenzaron en el “Siglo de las luces”.

Postulo que el Arte antes que la Ciencia, la política o Filosofía es la madre de todas las ramas de saber en occidente y esto lo podemos constatar desde el Renacimiento florentino, en específico en la figura prolífica de Leonardo Da Vinci y todo el arte desarrollado en el Renacimiento y el Barroco temprano y tardío (siglos XV-XVI) que tienen su clímax la primera Revolución industrial.

El universo musical es la base del desarrollo de nuestra percepción del mundo, dando lugar a un mecanismo cenestésico-musical que abarca procesos naturales de desenvolvimiento[5]  para quien conoce estos mecanismos naturales de desenvolvimiento el conocimiento de la totalidad de las cosas está a un paso: “quien maneja el ritmo, melodía y armonía, coparticipa de la inteligencia divina”[6]

Similar es el axioma de Nicola Tesla quien dice: “si quieres entender el universo piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”.

Así Biomúsica, se puede definir como la percepción musical de la totalidad. Pero hoy la totalidad está simplificada al psiquismo y las emociones, que, si bien son respuestas mentales y motrices de la totalidad percibida, la cuestión es de carácter más biológico que cultural y hunde sus raíces en la respuesta hipotalámica, el equilibrio neurovegetativo y la homeostasis, es decir sobre el sistema nervioso autónomo o neurovegetativo, aspecto desconocido para toda la escuela Freudomarxistas y de estudios culturalistas contemporáneos.

Rolando nos da pautas sobre cómo desarrollar esta percepción de la totalidad, a través de la consideración del cuerpo como origen de lo musical y el desarrollo de la audición interna. El carácter dionisiaco de esta percepción en Rolando que prima por sobre el carácter apolíneo (la música como concepto y forma) se expresa en su predilección por la música del pionero del Romanticismo Ludwig Van Beethoven, al cual dedica varias páginas de estudio de su obra, etapas de desarrollo musical y el alcance de su música no precisamente para ser consideradas dentro del repertorio de Biodanza, sino como reflexión intuitivo-visceral cúlmine de una comprensión total y sensible sobre el Arte. Creo que es este tipo de comprensión la que debemos recuperar y a cuyo fin debiesen encaminarse todos nuestros esfuerzos educativos. Es lo que la Educación Artística del siglo XXI debiese plantearse y hacia lo que el currículo oficial también puede perfilarse: una comprensión de la totalidad donde el factor cognitivo es un medio para la expresión clara de las ideas y no un fin en sí mismo.

De los tres aspectos musicales (ritmo-melodía y armonía) inferimos que es la Armonía el aspecto más atrofiado por la actual crisis sanitaria y política que vivimos:

“No hay armonía solitaria, silenciosa e inmóvil. Esa armonía fue la herencia enferma de Parménides, quien a su vez la recibió de oriente[7]

La armonía es en esencia encuentro y vinculación de las partes aisladas, el ejemplo vivencial de este parámetro musical se expresa en la sutileza de la Caricia. Pues es en este gesto donde unimos nuestras partes aisladas y muchas veces golpeadas por la distorsión de nuestra historia, es este gesto de supremo vínculo donde una nota musical que es un individuo se une a otra nota y otra nota para formar acordes musicales, lo cual en términos simples son “acuerdos sociales” basados en el respeto intrínseco de cada una de las partes. Es la sinfonía cósmica que ya había sido captada por el hombre primitivo y de la cual todos los seres somos parte en este universo fluctuante de energía, vibración y frecuencias.

La Autocaricia, el Autoacariciamiento es lo que nos queda de esa armonía vincular primigenia, pero debemos ser precavidos con ello para no caer en la neurosis de un nuevo solipsismo paradójicamente disociativo. Este aspecto mencionado por Rolando como principal problema de la denigración de nuestra civilización tiene varios matices, podemos ahondar en esta materia en otro futuro ensayo. La finalidad de este escrito es abrir prontamente el debate y plantear las problemáticas que atravesamos como comunidad biodanzante.

Caspar David Friedrich, Caminante sobre un mar de nubes. Óleo sobre lienzo, 1818.

A continuación, cerraremos esta reflexión con algunas observaciones y recomendaciones:

  1. Al conectarse a una plataforma zoom o meet google, privilegiar la vista del avatar de los demás miembros del grupo.

Como hemos mencionado anteriormente la lentitud propia del internet doméstico nos entrega un esquema de movimiento ralentizado y en el cual es peligroso fijarse pues el movimiento real jamás va a calzar con el movimiento del avatar, la tentativa de hacernos calzar en esa imagen virtual distorsionada trae disociaciones de carácter orgánico, afectivo y cognitivo.

  1. En segundo lugar, resulta importante profundizar en los aspectos propiamente musicales de las vivencias.

Es la Música, en estos momentos, el único vínculo que tenemos con la alteridad. Es a través de la unidad musical donde encontramos reminiscencias de las vivencias ancestrales.

Desde este punto de vista resulta imprescindible profundizar sobre los aspectos Semánticos Musicales, así como en el concepto de Biomúsica esgrimido por Rolando para lograr trascender los lineamientos convencionales de la Educación Artística e integrarlos armónicamente al plano existencial; hoy más que nunca debemos reconocer que la Educación Artística no tiene por principal función crear la próxima generación de artistas o compositores, sino de sensibilizar y crear sentido ante el abismal vacío producido en las sociedades digitales contemporáneas, donde sobreabunda la información y se carece por completo de sentido crítico o estético.

Estos son nuestros desafíos actuales y creemos estar a la altura de las circunstancias para ir en pos del servicio de nuestros semejantes.

 

CÓMO CITAR ESTE DOCUMENTO

Jiménez, Pablo. Porque la música sí nos puede salvar. Disponible en Biodanza Hoy, la Biblioteca Virtual de Biodanza en Español
http://www.biodanzahoy.cl/aportes/porque-la-musica-si-nos-puede-salvar/. Accedido el

Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, el pensamiento de esta Biblioteca Virtual de Biodanza en Español ni de sus editores. Todo lo que publicamos aquí es con el afán de dar voz a toda la diversidad de reflexiones y posturas en torno a la teoría y la práctica de Biodanza.

 

[1] Toro, Rolando. Identidad e Integración. Pag. 11. ©Copyright by Rolando Toro Araneda.
[2] ídem, pag. 12.
[3] El avatar es la imagen residual, una confección cibernética del “yo”. Es la autoimagen (concepto y forma) que sirve como transporte, contacto y encuentro con otras entidades cibernéticas. Nuestro avatar puede ser más o menos idéntico a uno, su función es adaptarse y moldearse al nuevo escenario: el enjambre virtual superconectado y altamente individualizado que nos describe Byung-Chul Han. Dada la naturaleza ralentizada del avatar que mostramos en las plataformas de interacción postulamos su verdadera naturaleza: pareciera que es íntima y real y reflejo del yo cuando es una simulación de ella.
[4] Toro, Rolando.  Módulo “Identidad e Integración”. Pág. 21. ©Copyright by Rolando Toro Araneda
[5] Toro, Rolando.  Módulo “La Música en Biodanza”. Pág. 5. © Copyright by Rolando Toro Araneda
[6] Toro, Rolando.  Módulo “La Música en Biodanza”. Pág. 6. © Copyright by Rolando Toro Araneda
[7] Toro, Rolando.  Módulo “La Música en Biodanza”. Pág. 6. © Copyright by Rolando Toro Araneda.

Bibliografía :

Toro, Rolando.  Módulo “La Música en Biodanza”.
Toro, Rolando.  Módulo “Identidad e Integración”.
Byung-Chul han. “En el enjambre”
Byung-Chul han. “La desaparición de los rituales”

 

 

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